Durante el inicio de mi etapa de enfrentamiento con mis miedos, el año 2012 para ser exactos, decidí
que debía afrontarlos. El miedo a la soledad era uno de ellos. Así que, tal y como
lo escribí en mi diario ese año, decidí tomarlo de la mejor manera y por esa
razón comencé a entablar una nueva y gran amistad con ella...con mi
"soledad". Por esa razón le puse de nombre Sole. Escribía en mi diario
cartas dirigidas a "Sole". Pasaron los años y aún sigo conversando
con ella, sobre todo cuando corro o camino largos trechos. Caminar sin rumbo es
una de las cosas que me ayuda a pensar mucho acerca de todo lo que me viene pasando
o sobre las cosas que desearía sucedan pronto.
En junio del 2014 compré un paquete turístico a la
isla de San Andrés en Colombia para que Vanessa y yo podamos hacer un viaje el
cual nos sirva para replantear nuestra relación. En los primeros días de
agosto, luego de ese viaje a Huaraz lleno de discusiones, decido dar por
terminada la relación. El viaje a San Andrés era para la última semana de
agosto. En un primer momento decidí no viajar. No tenía ni ganas ni motivación
alguna para viajar. Menos intentar viajar solo a un lugar donde abundan
parejas. Así que no me preocupe por el pasaje y por tanto no recordaba donde lo
había guardado.
Un día antes de la fecha, saliendo de clases de la
maestría, y como se venía un fin de semana largo por los feriados, un amigo
colombiano me pregunta qué iba a hacer. Le cuento lo sucedido y me dice
"vaya mi parce, verá que se va a divertir. No tiene nada que perder. Ya
tiene todo pagado. ¿Por qué perder esta oportunidad?". Lo miré y le dije:
"se me hace difícil viajar solo a un sitio así. A las montañas puedo ir
sólo pero a un sitio así, no sé". El responde: "pues con mayor razón,
pruébese que lo puede pasar bien y, sobre todo, solo". Me despedí y
regresé a mi departamento con la firme idea de empacar....ahora, a buscar los
pasajes. Luego de empacar poca ropa para los tres días, encontrar el pasaje y
de verificar la hora de salida del vuelo, tenía casi todo listo. Sólo un
detalle. Mi pasaporte estaba vencido. ¿Se podía viajar a Colombia con DNI? No
sabía. Llamé a un amigo, revisé en Internet y sí, se podía. Bueno, sólo quedaba
dormir pues en cinco horas debía estar en el aeropuerto.
Ya en el taxi camino al aeropuerto pensaba mucho en
Vanessa. Hubiera deseado que ella estuviera sentada a mi lado. No, no estaba.
Pensé y dije, "bueno no será tan malo, además Sole va conmigo".
En migraciones, la persona de control me pregunta a
boca de jarro. "¿viaja solo?". Era la primera vez que me harían esa
pregunta durante el viaje, vendrían más. Lo miro avergonzado, y le respondo:
"Sí, viajo solo". Me preguntaba, "¿es malo viajar solo?"
Sentado en la zona de embarque, escribía en mi diario
acerca de lo mal que me sentía:
"me voy sin Vanessa, Me voy solo, conmigo mismo,
con la cabeza llena de problemas, sin trabajo, con penas pero también con
esperanzas. Por primera vez siento que es un punto de quiebre en la relación
con ella. Es un cambio en mi vida. Tiene que serlo, tiene que ser lo que yo realmente
quiero que sea. Soy, de ahora en adelante, dueño de mi destino, de mi camino y
quiero que sea uno lleno de paz, de tranquilidad, de amor. A diferencia de
otras oportunidades, Vanessa ya no llamaría, ya no me buscaría....ya nunca más.
De eso estábamos seguros ella y yo”.
Llamada para embarcar. Entraba tranquilo al avión,
solo y mi diario en la mano. Llegué al aeropuerto de Bogotá y en migraciones
viene la segunda llamada a mi estado actual. La persona de control me hace las
preguntas típicas: motivo de viaje, de dónde venía, a dónde iba. Ya por sellar
el pasaporte me mira y me pregunta "¿viaja solo?". Lo miro y le
respondo, esta vez tímidamente: "sí, viajo solo". Camino a la
siguiente puerta de embarque para la conexión a San Andrés, pensaba en las cosas
que tenía por afrontar de ahora en adelante, mis enredos, mis ganas de ser
mejor persona, ser feliz. De pronto se me acerca un tipo de unos 30 años, con
una chica al lado, y me pregunta el camino a la puerta de embarque para el
vuelo a San Andrés, le indico, lo guío unos metros y dispara. "¿viajas
solo?". Yo me preguntaba a mí mismo, ¿acaso tengo un letrero en la frente,
que dice "viajo solo"?. "Sí, viajo solo", respondí con
cierta incomodidad. Dejé que se alejaran. Ya en el vuelo hacia San Andrés, pensaba,
¿será siempre así?, ¿la gente te irá preguntando de tu desgracia?, ¿la vida te
hará caminar este trecho siempre con inseguridades? Luego de un tiempo me daría
cuenta que las cosas siempre tienen que pasar de cierta manera.
Bajo del avión, en San Andrés, un aeropuerto muy
pequeño, pera ya se sentía el calor sofocante, aun siendo casi las 5pm. Llego
al control de migraciones, y una señorita muy atenta me hace las preguntas de
rigor, y yo decía: "¿ a qué hora viene la bendita pregunta". Me mira,
de reojo, mira a mis espaldas y me pregunta, ahí viene, "¿viaja solo?".
Ya yo de mejor humor, respondo sereno: " sí, viajo solo" por cuarta
vez en este viaje. Salgo de migraciones, y me toca hacer fila para esperar el
transporte al hotel. Estaba yo pensando en mis cosas, sin percatarme de nada a
mi alrededor, de pronto recuerdo que la cadena de hoteles tenía 3 hoteles
diferentes en la isla, y no recordaba a cuál iba yo. Busco en la mochila, saco
el documento con el logo de la cadena de hoteles, buscando por algún lado el
nombre a donde debía ir para la dar las instrucciones a la agencia de transporte.
Miraba una hoja sin percatarme de nada, completamente absorto en mis cosas. De
pronto siento que alguien hablaba, vuelvo a escuchar la voz detrás de mí,
volteo y veo a un chica de 1.70 mt de altura, rostro delgado, de grandes ojos,
sonriendo, una chica realmente guapa... recién entendía, ella me estaba
hablando. Me vuelve a preguntar "¿vas al hotel Decamerón?" Le
respondo, "sí". ¿A cuál?, pregunta. Le menciono que al San Luis. Ella
me dice, "yo voy al Marazul. ¿Sabías que puedes visitar los otros
hoteles?". Le respondo, que no lo sabía. Me mira, y me pregunta:
"¿viajas solo?". Por primera vez sonrío ante esa pregunta, la miro y
le respondo, esta vez ya alegre: "sí, viajo solo". Y ella me
responde, "yo también. Vengo de Bogotá y decidí tomarme unos días de
vacaciones”. De pronto la llaman para embarcarla en la movilidad, nos
despedimos. Luego de unos minutos me llama una señorita de la aerolínea para
comunicarme que mi maleta no había llegado. Que en un próximo vuelo debería
estar arribando. Ofrecieron llevarla al hotel tan pronto llegara mi maleta.
Acepté sin fastidio alguno.
Me llaman para embarcarme en el taxi hacia el hotel y
la persona encargada me dice. "disculpe los inconvenientes, pero le
molestaría viajar con otro pasajero?". Le respondo que no, que no es
molestia. Me dirigen hacia un taxi, acomodo la maleta en la parte trasera del
auto, subo. Miro al lado y veo nuevamente ese bello rostro. Ella estaba ahí, la
misma chica que me encontré en la fila y que preguntaba si iba solo, estaba sentada
a mi lado. No supe que decir. Ella, sonriendo me dice: “parece que viajaremos
juntos hacia el hotel”. Recién me percataba que era una mujer muy guapa, alegre
y cordial. Se llamaba Sandra. La acompaño a su hotel. Y quedamos en vernos al día
siguiente allí para almorzar.
Llegué a mi hotel, me registré, me dirigí al bar a
tomar un trago. Necesitaba uno. De pronto desde el balcón del bar se veía la
puesta del sol, la playa, las palmeras típicas de la isla. Miraba hacia la
infinidad del mar. Comencé a llorar. Las cosas deben ser diferentes de ahora en
adelanto. No mejor, sólo diferente. No pensaba en Sandra, pensaba en Vanessa,
en mí, en mi "Sole". Bueno, la soledad no debe ser tan mala, te
ofrece otras oportunidades.
Al día siguiente busque a Sandra, me dirijo a uno de
los restaurantes y al llegar la persona
de recepción me mira, pregunta: “¿viene solo?” Esta vez sonrío y orgullosos respondo,
“no, mesa para dos por favor, vengo acompañado”. Almorzamos, charlamos de todo
y de nada. La idea era compartir una buena charla con un desconocido. La pasamos
bien. Al final de la tarde me despedí. Fui a mi hotel. Me quedaba claro que los
siguientes días estaría son Sole. A eso había venido. Así me lo propuse, y así
fue. Fue una gran fin de semana, conmigo, con Sole, pensando en mi futuro, disfrutando de
largas caminatas a solas por horas a lo largo de la playa. Disfrutando el comienzo de una nueva etapa, con mi soledad, o mejor dicho acompañado con Sole...
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