jueves, 10 de diciembre de 2015

En San Andrés con Sole!

Durante el inicio de mi etapa de enfrentamiento con mis miedos, el año 2012 para ser exactos, decidí que debía afrontarlos. El miedo a la soledad era uno de ellos. Así que, tal y como lo escribí en mi diario ese año, decidí tomarlo de la mejor manera y por esa razón comencé a entablar una nueva y gran amistad con ella...con mi "soledad". Por esa razón le puse de nombre Sole. Escribía en mi diario cartas dirigidas a "Sole". Pasaron los años y aún sigo conversando con ella, sobre todo cuando corro o camino largos trechos. Caminar sin rumbo es una de las cosas que me ayuda a pensar mucho acerca de todo lo que me viene pasando o sobre las cosas que desearía sucedan pronto.
En junio del 2014 compré un paquete turístico a la isla de San Andrés en Colombia para que Vanessa y yo podamos hacer un viaje el cual nos sirva para replantear nuestra relación. En los primeros días de agosto, luego de ese viaje a Huaraz lleno de discusiones, decido dar por terminada la relación. El viaje a San Andrés era para la última semana de agosto. En un primer momento decidí no viajar. No tenía ni ganas ni motivación alguna para viajar. Menos intentar viajar solo a un lugar donde abundan parejas. Así que no me preocupe por el pasaje y por tanto no recordaba donde lo había guardado.
Un día antes de la fecha, saliendo de clases de la maestría, y como se venía un fin de semana largo por los feriados, un amigo colombiano me pregunta qué iba a hacer. Le cuento lo sucedido y me dice "vaya mi parce, verá que se va a divertir. No tiene nada que perder. Ya tiene todo pagado. ¿Por qué perder esta oportunidad?". Lo miré y le dije: "se me hace difícil viajar solo a un sitio así. A las montañas puedo ir sólo pero a un sitio así, no sé". El responde: "pues con mayor razón, pruébese que lo puede pasar bien y, sobre todo, solo". Me despedí y regresé a mi departamento con la firme idea de empacar....ahora, a buscar los pasajes. Luego de empacar poca ropa para los tres días, encontrar el pasaje y de verificar la hora de salida del vuelo, tenía casi todo listo. Sólo un detalle. Mi pasaporte estaba vencido. ¿Se podía viajar a Colombia con DNI? No sabía. Llamé a un amigo, revisé en Internet y sí, se podía. Bueno, sólo quedaba dormir pues en cinco horas debía estar en el aeropuerto.
Ya en el taxi camino al aeropuerto pensaba mucho en Vanessa. Hubiera deseado que ella estuviera sentada a mi lado. No, no estaba. Pensé y dije, "bueno no será tan malo, además Sole va conmigo".
En migraciones, la persona de control me pregunta a boca de jarro. "¿viaja solo?". Era la primera vez que me harían esa pregunta durante el viaje, vendrían más. Lo miro avergonzado, y le respondo: "Sí, viajo solo". Me preguntaba, "¿es malo viajar solo?"
Sentado en la zona de embarque, escribía en mi diario acerca de lo mal que me sentía:
"me voy sin Vanessa, Me voy solo, conmigo mismo, con la cabeza llena de problemas, sin trabajo, con penas pero también con esperanzas. Por primera vez siento que es un punto de quiebre en la relación con ella. Es un cambio en mi vida. Tiene que serlo, tiene que ser lo que yo realmente quiero que sea. Soy, de ahora en adelante, dueño de mi destino, de mi camino y quiero que sea uno lleno de paz, de tranquilidad, de amor. A diferencia de otras oportunidades, Vanessa ya no llamaría, ya no me buscaría....ya nunca más. De eso estábamos seguros ella y yo”.
Llamada para embarcar. Entraba tranquilo al avión, solo y mi diario en la mano. Llegué al aeropuerto de Bogotá y en migraciones viene la segunda llamada a mi estado actual. La persona de control me hace las preguntas típicas: motivo de viaje, de dónde venía, a dónde iba. Ya por sellar el pasaporte me mira y me pregunta "¿viaja solo?". Lo miro y le respondo, esta vez tímidamente: "sí, viajo solo". Camino a la siguiente puerta de embarque para la conexión a San Andrés, pensaba en las cosas que tenía por afrontar de ahora en adelante, mis enredos, mis ganas de ser mejor persona, ser feliz. De pronto se me acerca un tipo de unos 30 años, con una chica al lado, y me pregunta el camino a la puerta de embarque para el vuelo a San Andrés, le indico, lo guío unos metros y dispara. "¿viajas solo?". Yo me preguntaba a mí mismo, ¿acaso tengo un letrero en la frente, que dice "viajo solo"?. "Sí, viajo solo", respondí con cierta incomodidad. Dejé que se alejaran. Ya en el vuelo hacia San Andrés, pensaba, ¿será siempre así?, ¿la gente te irá preguntando de tu desgracia?, ¿la vida te hará caminar este trecho siempre con inseguridades? Luego de un tiempo me daría cuenta que las cosas siempre tienen que pasar de cierta manera.
Bajo del avión, en San Andrés, un aeropuerto muy pequeño, pera ya se sentía el calor sofocante, aun siendo casi las 5pm. Llego al control de migraciones, y una señorita muy atenta me hace las preguntas de rigor, y yo decía: "¿ a qué hora viene la bendita pregunta". Me mira, de reojo, mira a mis espaldas y me pregunta, ahí viene, "¿viaja solo?". Ya yo de mejor humor, respondo sereno: " sí, viajo solo" por cuarta vez en este viaje. Salgo de migraciones, y me toca hacer fila para esperar el transporte al hotel. Estaba yo pensando en mis cosas, sin percatarme de nada a mi alrededor, de pronto recuerdo que la cadena de hoteles tenía 3 hoteles diferentes en la isla, y no recordaba a cuál iba yo. Busco en la mochila, saco el documento con el logo de la cadena de hoteles, buscando por algún lado el nombre a donde debía ir para la dar las instrucciones a la agencia de transporte. Miraba una hoja sin percatarme de nada, completamente absorto en mis cosas. De pronto siento que alguien hablaba, vuelvo a escuchar la voz detrás de mí, volteo y veo a un chica de 1.70 mt de altura, rostro delgado, de grandes ojos, sonriendo, una chica realmente guapa... recién entendía, ella me estaba hablando. Me vuelve a preguntar "¿vas al hotel Decamerón?" Le respondo, "sí". ¿A cuál?, pregunta. Le menciono que al San Luis. Ella me dice, "yo voy al Marazul. ¿Sabías que puedes visitar los otros hoteles?". Le respondo, que no lo sabía. Me mira, y me pregunta: "¿viajas solo?". Por primera vez sonrío ante esa pregunta, la miro y le respondo, esta vez ya alegre: "sí, viajo solo". Y ella me responde, "yo también. Vengo de Bogotá y decidí tomarme unos días de vacaciones”. De pronto la llaman para embarcarla en la movilidad, nos despedimos. Luego de unos minutos me llama una señorita de la aerolínea para comunicarme que mi maleta no había llegado. Que en un próximo vuelo debería estar arribando. Ofrecieron llevarla al hotel tan pronto llegara mi maleta. Acepté sin fastidio alguno.
Me llaman para embarcarme en el taxi hacia el hotel y la persona encargada me dice. "disculpe los inconvenientes, pero le molestaría viajar con otro pasajero?". Le respondo que no, que no es molestia. Me dirigen hacia un taxi, acomodo la maleta en la parte trasera del auto, subo. Miro al lado y veo nuevamente ese bello rostro. Ella estaba ahí, la misma chica que me encontré en la fila y que preguntaba si iba solo, estaba sentada a mi lado. No supe que decir. Ella, sonriendo me dice: “parece que viajaremos juntos hacia el hotel”. Recién me percataba que era una mujer muy guapa, alegre y cordial. Se llamaba Sandra. La acompaño a su hotel. Y quedamos en vernos al día siguiente allí para almorzar.
Llegué a mi hotel, me registré, me dirigí al bar a tomar un trago. Necesitaba uno. De pronto desde el balcón del bar se veía la puesta del sol, la playa, las palmeras típicas de la isla. Miraba hacia la infinidad del mar. Comencé a llorar. Las cosas deben ser diferentes de ahora en adelanto. No mejor, sólo diferente. No pensaba en Sandra, pensaba en Vanessa, en mí, en mi "Sole". Bueno, la soledad no debe ser tan mala, te ofrece otras oportunidades.

Al día siguiente busque a Sandra, me dirijo a uno de los restaurantes y al  llegar la persona de recepción me mira, pregunta: “¿viene solo?” Esta vez sonrío y orgullosos respondo, “no, mesa para dos por favor, vengo acompañado”. Almorzamos, charlamos de todo y de nada. La idea era compartir una buena charla con un desconocido. La pasamos bien. Al final de la tarde me despedí. Fui a mi hotel. Me quedaba claro que los siguientes días estaría son Sole. A eso había venido. Así me lo propuse, y así fue. Fue una gran fin de semana, conmigo, con Sole, pensando en mi futuro, disfrutando de largas caminatas a solas por horas a lo largo de la playa. Disfrutando el comienzo de una nueva etapa, con mi soledad, o mejor dicho acompañado con Sole...

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