martes, 15 de diciembre de 2015

Un camino duro por recorrer

Considero que el proceso de enfrentar los miedos o de analizar quien eres es un camino muy duro y lleno de altibajos. Es un camino doloroso y agotador. Se obtienen más preguntas que respuestas pero es así como se avanza. Se necesita mucha persistencia y ganas de llegar al final del camino, teniendo como única motivación ser mejor ser humano,  mejor alma. A veces dan ganas de tirar la toalla, de ya no seguir nadando pero como sucede en la montaña, se debe ir hacia adelante,  y es ahí donde siempre me repito, como si fuera un mantra: " el dolor es inevitable,  el sufrimiento una opción ". Mis travesías por la montaña son un símil de lo que me ha tocado vivir emocionalmente para salir del hoyo tan profundo dónde he estado por muchos años, romper los tan odiosos patrones formados desde niño y ahora tan duros de romper. He avanzado de a pocos, con momentos buenos y otros muy dolorosos. El término de mi matrimonio fue hasta hoy el más duro que me ha tocado vivir y de ahí sólo sufrimientos y desilusiones amorosas, odio hacia mí mismo,  decepción por ver quien era yo, dolor por haber hecho daño,  identificar mi falta de amor hacia mi persona,  y el gran miedo al fracaso y a la soledad... Tantas cosas identificadas en mi y tanto por hacer pero sólo quedaba iniciar, comenzar esa mirada hacia adentro... Yo por lo menos ya no quería regresar... Como en la montaña, siempre, " vamos por más ".

Mi inicio en el treking oficialmente fue en agosto del 2012 acompañando a Vanessa en su regreso a su actividad favorita. Entre agosto y octubre había salido a caminar a montañas cercanas a Lima. En noviembre ella me dice para intentar nuestras primeras locuras, dos cumbres en una semana: el Chachani de 6,025 mt en Arequipa, y el Vallunaraju de 5,600 en Huaraz.  El primero es un volcán a donde se puede llegar sin equipo técnico. El segundo era una montaña dura, con paredes de hielo y se debía usar equipo técnico.  No estaba preparado y me moría de miedo.  Dije sí sólo por compromiso. Mi físico no estaba preparado, mi fuerza emocional y mental estaba en muy mal momento. Hacer alta montaña es completamente diferente al treking. Ese año había sido el peor de la relación con Vanessa.  Ella decide intentar retomar la relación con el papá de sus hijas y yo paso a ser sólo un amigo, luego regresa para que lo intentemos... En fin,  toda una montaña rusa nuestra relación.

Chachani,  Arequipa,  primer reto. Era un ascenso " non stop ", es decir, llegábamos a Arequipa por la tarde del sábado,  descansabamos unas horas,  la movilidad nos recogía a las 9pm,  llegabamos al punto de partida a las 10:30 pm y de ahí a caminar sin parar hasta la cima del Chachani.  Éramos un grupo de alrededor de 20 montañistas, entre hombres y mujeres.  Yo debía ser uno de los de mayor edad. En el momento de la charla técnica, minutos antes del inicio de la travesía,  mi mente estaba tan oscura como la noche.  Tenía miedo,  frío intenso,  ganas se regresar a Lima,  de estar en mi cama, quería en ese momento salir corriendo. Esa sensación de no saber dónde ni por qué estás ahí me inundó. Miraba a Vanessa y me decía,  " ¿es esto lo que quiero?, ¿ es este el camino? ". Con el tiempo lo entendería,  en ese momento sólo eran más dudas que certezas. Comenzamos a caminar cerca de las 11 pm. El frío era cada vez más intenso.  Vanesa estaba más adelante. siempre era así, ella a su ritmo y yo al mio.  Me puse a conversar con una de las chicas del grupo, bastante joven ella,  y le comentaba el frío intenso que sentía.  Ella mete la mano a su bolsillo y me invita chocolate.  "Es bueno para entrar en calor y te da energía", agrega. Era alguien que ofrecía ayuda. Un ángel, Siendo ya como las 3am sentía mucho cansancio,  quería dormir.  Echarme ahí y no moverme.  A veces se quiere renunciar,  se quiere abandonar el plan...  como en la vida. Recordé que en mis sesiones de meditación nos habían enseñado a meditar,  a poner la mente en paz, acompañado de una respiración profunda y tranquila. Lo puse en práctica,  comencé a respirar desde el estómago,  como lo hacen los bebés y a pensar en lo grandioso de estar en la cima de la montaña, en la cima de mi vida.  Así avance una horas más, ya las piernas se movían por inercia.  En el camino varios se iban quedando o regresaban al punto de inicio.  Ya como a las 5:30 am, ya estaba bastante claro por el amanecer y veo a varios del grupo tendidos en el suelo muy cansados.  El grupo de avanzada ya estaba muy cerca de la cima.  Yo estaba como a unos doscientos o trescientos metro de la cumbre.  Eso era una hora más por caminar. Vanessa ve que me siento y regresa unos metros.  Le digo que hasta ahí llego,  que no puedo más.  Realmente ya no podía,  no tenía nada de fuerzas.  Me sentía derrotado. Estando tan cerca, renunciaba. Dentro de mi, me decía,  por lo menos lo intenté puse de todo en este reto.  Ella me comienza a gritar,  que no había yo venido para quedarme a pocos metros, que me levante y que me acompañaría ese último tramo. Que iríamos paso a paso.  Con mucho esfuerzo me levanto y continuo con lo último de energía que me quedaba. Faltando poco para la cima, Vanessa toma un corte para intentar acortar la distancia y terminamos en un camino sin salida,  peligroso.  Creo que la adrenalina fue en ese momento el combustible pues energía ya no tenía. Finalmente sobre las 7am llegamos a la cima.  Me senté a observar el hermoso paisaje y comencé a llorar.  Lo había logrado,  mi primera cumbre.  Casi desfalleciendo pero ahí estaba yo,  en la cima de mi vida, logrando lo que para mi era imposible.  Le puse coraje, corazón,  ganas de vivir cada minuto, rompiendo mis paradigmas, mis patrones, venciendo mis miedos.  Y así sería de ahí en adelante.

Vallunaraju,  Huaraz, segundo reto. A la semana siguiente, luego del Chachani,  Vanessa y yo ya estábamos en Huaraz.  Sería también una travesía " non stop ". Partiríamos a caminar a las 10 pm. La ruta hacia la cima era más larga y dura que en el Chachani.  Usariamos equipo técnico pues el tramo sobre nieve era de 4 horas o más hasta la cumbre.  El grupo estaba conformado por el guía,  un español de físico muy fuerte,  Vanessa y yo. Una sola cordada, y en ese orden. Era una noche sin estrellas, muy fría y oscura. Cuando llegamos a la base del nevado nos pusimos el equipo: arnés, crampones y piollets.  Mi inexperiencia me lleva a hacer un mal paso y termino rompiendo los lentes de protección. De regreso me daría cuenta del gran error.  Los use pero se caían de rato en rato.  La subida fue muy dura.  Con una pared de  hielo de inicio de unos 200 mts.  Cruzamos puentes de hielo y caminos muy angostos y peligrosos. El físico hasta allí iba bien.  Lo peor vendrían luego.  El ascenso se hizo más duro por la elevación del desnivel.  Faltando unos 400 mts y siendo ya casi las 5am comienza a aparecer una neblina densa que no dejaba ver más allá de las manos.  El guía nos dice que esperemos hasta que en algún momento aparezca el sol.  Así lo hicimos.  Mi cuerpo se comenzó a enfriar y el cansancio a aparecer. A la hora, aparece el brillo solar y deja ver el camino.  Avanzamos lo más rápido que pudimos y finalmente llegamos a la cumbre como a las 6:30am.  Debido al mal clima sólo estuvimos lo suficientemente para descansar y descender.  Vendría lo peor.  Vanessa estaba muy cansada, no podía dar un sólo paso. Yo aún tenía algo de energía.  Nos dividimos en grupos de dos. El guía ayudaba a Vanessa,  ayudandola o casi arrastrandola por la nieve,  y el español y yo.  El me jalaba de la cuerda y yo sólo atinaba a mover las piernas.  En un momento, Vanessa se quiebra y se pone a llorar de impotencia y miedo.  Le doy ánimo y finalmente llegamos al punto de partida como a las 4pm con sentimientos encontrados: alegría por haber llegado a la cumbre pero con miedos que aparecieron en el camino.  En situaciones como estas analizas mucho tu vida,  tu paso por este mundo y las cosas logradas o aún por hacer.  Llegando a Huaraz me molestaban mucho los ojos.  Se habían quemado por el reflejo en la nieve.

Estas dos cumbres son un reflejo de mi vida. Caminos duros,  desniveles,  subidas,  bajadas,  ganas de abandonar,  de no continuar,  de quebrarse y llorar y ya no vivir.  Pero lo importante es lo consciente que debe estar uno para saber que se tiene que dar ese primer paso,  el de la aceptación y de querer ser alguien nuevo, renovado para apreciar la belleza interior. Ese es el reto.  Muchos nunca inician, otros se van quedando en el camino,  otros regresan y otros como yo siguen luchando,  sacando energía de donde no la hay para avanzar. En el camino te encuentras con personas que van, al igual que uno, luchando; te invitan un chocolate y se convierten en "ángel " sin saberlo ( una Claudia en mi camino)...La verdadera esencia de la vida es como un viaje a la montaña...sabes que será duro pero sabes que es lo que debes hacer, que sufriras y que la recompensa no es la cima, es el camino,  es abrazar cada instante con pasión... Ese es mi reto y estoy en ello aunque a veces tenga muchas ganas de renunciar.... quiero ir a mi siguiente nivel de vida sabiendo que lo intente hasta el final... Y estoy seguro que en ese camino encontraré más ángeles...como Claudia.

jueves, 10 de diciembre de 2015

A wonderful rain in Vancouver

Era enero de 1999, y Claudia y yo acabábamos de salir de clases. Fue la primera Claudia en mi vida y fue maravilloso conocerla. Los viernes las clases terminaban al mediodía, así que decidimos caminar, como tantas veces ya lo habíamos hecho, sin rumbo, sólo con el ánimo de charlar como dos grandes amigos, como si nos conociéramos de toda la vida. Esa gran amistad se había consolidado en pocos meses. Ella acaba de cumplir 18 en noviembre del '98 y yo había cumplido 26 años ese enero.

Yo había llegado a Vancouver a fines de  octubre de 1998 y Claudia había llegado un mes antes. Aún recuerdo la primera vez que la vi y la vez que me escondí por miedo, por timidez. Ingrid, una amiga de Perú, quien había llegado en agosto a esa ciudad y con quien se supone pasaría el tiempo, me animó para viajar hasta esa ciudad, en ese frío invierno, en Canadá. Cuando arribé a Vancouver Ingrid ya tenía enamorado por lo que me quedaba claro que debería andar solo. Era improbable que pudiera hacer amigos y menos comunicarme con "classmates" pues mi inglés en ese momento era muy pobre. Cuando llego a la escuela de inglés, Ingrid me presenta entre otras personas a Claudia. Ella era de México, era una chica de unos ojos negros inmensos y hermosos, rostro delicado, cabello negro muy largo. En verdad era muy bonita. Una semana después Ingrid me invita a una reunión en un restaurante mexicano para celebrar el cumpleaños de Claudia, la cita era para el 10 de noviembre. Dije sí pero pensando en buscar algún pretexto para no ir. Era demasiado tímido para ir a una reunión donde no conocía a nadie salvo a Ingrid. Irían unos 10 estudiantes entre mexicanos, colombianos, argentinos y nosotros, los dos únicos peruanos.

El día de la reunión, decidí, armándome de mucho valor, asistir a la reunión. Por supuesto que en esa época no teníamos celular, no existían el Facebook o el WhatsApp, así que sólo quedaba confirmar, buscar la dirección en los numerosos mapas de la ciudad y asistir. Estando en el bus, a unas cuadras de la casa de donde vivía, me percato que Claudia sube al bus, sólo atiné a esconderme. Me moví hacia el final del bus y me agazapé. Realmente mi timidez era de tal nivel que me paralizaba frente a una chica bonita. Qué idiota! Bueno era yo así, que se le iba hacer. Dejo que Claudia baje del bus en la parada cercana al restaurante, y yo no bajo. Bajé dos paradas más adelante. No quería que Claudia me viera. Me paralizaba el hecho de no saber que decir. Llegué unos 20 minutos después y en esa reunión Claudia y yo nos dimos cuenta que por alguna razón había química entre nosotros. Sólo fue una intuición pero luego el tiempo nos daría la razón. Hasta el día de hoy Claudia y yo somos grandes amigos y el Facebook ha hecho que de alguna forma estemos conectados. Por supuesto que este "pequeño acto de timidez en el bus" fue narrado a Claudia, y hasta hoy, cada vez que lo recuerda le causa mucha risa. En Vancouver, Claudia y yo forjamos una gran amistad, una amistad como yo nunca antes había tenido con una "chica". Fuimos compañeros de aventuras, nos contábamos nuestros sueños, emociones, sentimientos, de estar siempre conectados ella y yo, de viajar a México o ella a Perú...cuantos momentos en el famoso café cercano a nuestras casas, cuantas caminatas, anécdotas miles, o de cuando todos en la escuela, incluyendo los profesores y los dueños de casa donde vivíamos cada uno, pensaban que éramos enamorados....sólo había una gran y hermosa amistad. Agradezco a la vida haber tenido la oportunidad de tener esas vivencias en Vancouver, de haber conocido a Claudia y a Nataly. De Nataly escribiré en otro momento, mujer muy especial para mí.

Bueno fue así como Claudia y yo nos conocimos. Y retomando el inicio de mi historia, una vez más, Claudia y yo nos aventuramos a recorrer Vancouver, esta vez por el lado de la playa.

Eran casi las 4pm de ese viernes frío, no había nevado pero si se sentía frío. Ya estábamos acostumbrados. De pronto, ya algo cansados de caminar por más de 4 horas, decidimos sentarnos en una banca mirando hacia el mar. Estábamos en un muelle y había algo de neblina. Estábamos conversando de lo bien que la pasábamos juntos, de nuestra gran amistad, reíamos mucho de sus ocurrencias. Claudia tenía un fino sentido del humor. De pronto caen unas gotas sobre nuestras cabezas, nuestros rostros. La poca gente que había por los alrededores acelera el paso y sacan a relucir sus paraguas. Claudia y yo no teníamos paraguas, casi nunca los cargábamos, y nuestra ropa, no era la mejor para ese clima extremo. La miro y le digo: "me encanta la lluvia pero te vas a mojar y te puedes enfermar, será mejor que nos vayamos". Ella me mira con esa mirada tierna, de niña, cómplice y pícara, y me dice: " estás loco, yo amo la lluvia". Nuevamente sonreímos, alegres de darnos cuenta que en eso también teníamos algo en común. Sentíamos una paz interior inmensa, y que mejor que compartirlo con alguien, que en ese momento, en ese lugar muy remoto y tan lejos de nuestras familias, se había convertido en lo más cercano a esa persona que puedes amar fraternalmente sin condiciones, sin límites, con total entrega el uno hacia el otro. Guardamos silencio y continuamos disfrutando tan bello momento, con la lluvia empapándonos, mirando el mar, sintiéndonos acompañados el uno del otro.

Luego de unos minutos, Claudia me mira  e interrumpe ese mágico momento, y dice, señalando como a unos 50 metros de distancia en el mar, "mira hay algo en el mar", yo le respondo, " debe ser un lobo de mar o una foca". "No", insiste ella. Nos acercamos hacia la protección del muelle y nos percatamos que efectivamente no era lo que parecía. Era un pobre perro que, vaya saber cómo había llegado ahí, nadaba hacia un bote y de alguna forma intentaba sujetarse de algo y no tenía de dónde. Miro a Claudia y le digo, "trata de llamarlo, voy a buscar ayuda". En ese momento salgo corriendo, y no veo a nadie a quien acudir. Sigo corriendo, hasta que a unos 100 mts de donde había dejado a Claudia encuentro un teléfono público. Estaba muy angustiado, preocupado por el pobre perro que estaba soportando baja temperaturas en el agua, calculo que cercano a uno 5° C, si no era menos. Levanto el teléfono y pido ayuda a la policía. En el poco inglés que había aprendido en dos meses y medio logré comunicarme. Me dicen que acudirán de inmediato. Regreso donde Claudia y a los pocos minutos efectivamente llegó una lancha guarda costa y sacó al pobre perro del agua. Claudia y yo nos abrazamos de emoción. Habíamos salvado a esa mascota.

Ya de regreso a nuestras casas recién nos percatamos lo mojado que estábamos y comenzábamos a sentir el frío intenso. Por esos días no había nadie en la casa donde yo me hospedaba así que Claudia me pidió ir a mi habitación para ver que hacíamos para entrar en calor. Le presté ropa seca y pusimos la suya a secar sobre la estufa. Eran las 7pm de ese viernes, y a pesar del cansancio, sabíamos que aún había mucho por conversar. La noche recién empezaba y nuestra tertulia tenía para muchas horas más. Como muchas noches, en las que tuvimos la maravillosa oportunidad de pasar juntos, queríamos aprovechar para reírnos, para seguir construyendo nuestros sueños, para seguir disfrutando cada minuto allá en esa hermosa ciudad que marcó nuestras vidas: Vancouver, ciudad donde tuvimos  “a wonderful rain”.


En San Andrés con Sole!

Durante el inicio de mi etapa de enfrentamiento con mis miedos, el año 2012 para ser exactos, decidí que debía afrontarlos. El miedo a la soledad era uno de ellos. Así que, tal y como lo escribí en mi diario ese año, decidí tomarlo de la mejor manera y por esa razón comencé a entablar una nueva y gran amistad con ella...con mi "soledad". Por esa razón le puse de nombre Sole. Escribía en mi diario cartas dirigidas a "Sole". Pasaron los años y aún sigo conversando con ella, sobre todo cuando corro o camino largos trechos. Caminar sin rumbo es una de las cosas que me ayuda a pensar mucho acerca de todo lo que me viene pasando o sobre las cosas que desearía sucedan pronto.
En junio del 2014 compré un paquete turístico a la isla de San Andrés en Colombia para que Vanessa y yo podamos hacer un viaje el cual nos sirva para replantear nuestra relación. En los primeros días de agosto, luego de ese viaje a Huaraz lleno de discusiones, decido dar por terminada la relación. El viaje a San Andrés era para la última semana de agosto. En un primer momento decidí no viajar. No tenía ni ganas ni motivación alguna para viajar. Menos intentar viajar solo a un lugar donde abundan parejas. Así que no me preocupe por el pasaje y por tanto no recordaba donde lo había guardado.
Un día antes de la fecha, saliendo de clases de la maestría, y como se venía un fin de semana largo por los feriados, un amigo colombiano me pregunta qué iba a hacer. Le cuento lo sucedido y me dice "vaya mi parce, verá que se va a divertir. No tiene nada que perder. Ya tiene todo pagado. ¿Por qué perder esta oportunidad?". Lo miré y le dije: "se me hace difícil viajar solo a un sitio así. A las montañas puedo ir sólo pero a un sitio así, no sé". El responde: "pues con mayor razón, pruébese que lo puede pasar bien y, sobre todo, solo". Me despedí y regresé a mi departamento con la firme idea de empacar....ahora, a buscar los pasajes. Luego de empacar poca ropa para los tres días, encontrar el pasaje y de verificar la hora de salida del vuelo, tenía casi todo listo. Sólo un detalle. Mi pasaporte estaba vencido. ¿Se podía viajar a Colombia con DNI? No sabía. Llamé a un amigo, revisé en Internet y sí, se podía. Bueno, sólo quedaba dormir pues en cinco horas debía estar en el aeropuerto.
Ya en el taxi camino al aeropuerto pensaba mucho en Vanessa. Hubiera deseado que ella estuviera sentada a mi lado. No, no estaba. Pensé y dije, "bueno no será tan malo, además Sole va conmigo".
En migraciones, la persona de control me pregunta a boca de jarro. "¿viaja solo?". Era la primera vez que me harían esa pregunta durante el viaje, vendrían más. Lo miro avergonzado, y le respondo: "Sí, viajo solo". Me preguntaba, "¿es malo viajar solo?"
Sentado en la zona de embarque, escribía en mi diario acerca de lo mal que me sentía:
"me voy sin Vanessa, Me voy solo, conmigo mismo, con la cabeza llena de problemas, sin trabajo, con penas pero también con esperanzas. Por primera vez siento que es un punto de quiebre en la relación con ella. Es un cambio en mi vida. Tiene que serlo, tiene que ser lo que yo realmente quiero que sea. Soy, de ahora en adelante, dueño de mi destino, de mi camino y quiero que sea uno lleno de paz, de tranquilidad, de amor. A diferencia de otras oportunidades, Vanessa ya no llamaría, ya no me buscaría....ya nunca más. De eso estábamos seguros ella y yo”.
Llamada para embarcar. Entraba tranquilo al avión, solo y mi diario en la mano. Llegué al aeropuerto de Bogotá y en migraciones viene la segunda llamada a mi estado actual. La persona de control me hace las preguntas típicas: motivo de viaje, de dónde venía, a dónde iba. Ya por sellar el pasaporte me mira y me pregunta "¿viaja solo?". Lo miro y le respondo, esta vez tímidamente: "sí, viajo solo". Camino a la siguiente puerta de embarque para la conexión a San Andrés, pensaba en las cosas que tenía por afrontar de ahora en adelante, mis enredos, mis ganas de ser mejor persona, ser feliz. De pronto se me acerca un tipo de unos 30 años, con una chica al lado, y me pregunta el camino a la puerta de embarque para el vuelo a San Andrés, le indico, lo guío unos metros y dispara. "¿viajas solo?". Yo me preguntaba a mí mismo, ¿acaso tengo un letrero en la frente, que dice "viajo solo"?. "Sí, viajo solo", respondí con cierta incomodidad. Dejé que se alejaran. Ya en el vuelo hacia San Andrés, pensaba, ¿será siempre así?, ¿la gente te irá preguntando de tu desgracia?, ¿la vida te hará caminar este trecho siempre con inseguridades? Luego de un tiempo me daría cuenta que las cosas siempre tienen que pasar de cierta manera.
Bajo del avión, en San Andrés, un aeropuerto muy pequeño, pera ya se sentía el calor sofocante, aun siendo casi las 5pm. Llego al control de migraciones, y una señorita muy atenta me hace las preguntas de rigor, y yo decía: "¿ a qué hora viene la bendita pregunta". Me mira, de reojo, mira a mis espaldas y me pregunta, ahí viene, "¿viaja solo?". Ya yo de mejor humor, respondo sereno: " sí, viajo solo" por cuarta vez en este viaje. Salgo de migraciones, y me toca hacer fila para esperar el transporte al hotel. Estaba yo pensando en mis cosas, sin percatarme de nada a mi alrededor, de pronto recuerdo que la cadena de hoteles tenía 3 hoteles diferentes en la isla, y no recordaba a cuál iba yo. Busco en la mochila, saco el documento con el logo de la cadena de hoteles, buscando por algún lado el nombre a donde debía ir para la dar las instrucciones a la agencia de transporte. Miraba una hoja sin percatarme de nada, completamente absorto en mis cosas. De pronto siento que alguien hablaba, vuelvo a escuchar la voz detrás de mí, volteo y veo a un chica de 1.70 mt de altura, rostro delgado, de grandes ojos, sonriendo, una chica realmente guapa... recién entendía, ella me estaba hablando. Me vuelve a preguntar "¿vas al hotel Decamerón?" Le respondo, "sí". ¿A cuál?, pregunta. Le menciono que al San Luis. Ella me dice, "yo voy al Marazul. ¿Sabías que puedes visitar los otros hoteles?". Le respondo, que no lo sabía. Me mira, y me pregunta: "¿viajas solo?". Por primera vez sonrío ante esa pregunta, la miro y le respondo, esta vez ya alegre: "sí, viajo solo". Y ella me responde, "yo también. Vengo de Bogotá y decidí tomarme unos días de vacaciones”. De pronto la llaman para embarcarla en la movilidad, nos despedimos. Luego de unos minutos me llama una señorita de la aerolínea para comunicarme que mi maleta no había llegado. Que en un próximo vuelo debería estar arribando. Ofrecieron llevarla al hotel tan pronto llegara mi maleta. Acepté sin fastidio alguno.
Me llaman para embarcarme en el taxi hacia el hotel y la persona encargada me dice. "disculpe los inconvenientes, pero le molestaría viajar con otro pasajero?". Le respondo que no, que no es molestia. Me dirigen hacia un taxi, acomodo la maleta en la parte trasera del auto, subo. Miro al lado y veo nuevamente ese bello rostro. Ella estaba ahí, la misma chica que me encontré en la fila y que preguntaba si iba solo, estaba sentada a mi lado. No supe que decir. Ella, sonriendo me dice: “parece que viajaremos juntos hacia el hotel”. Recién me percataba que era una mujer muy guapa, alegre y cordial. Se llamaba Sandra. La acompaño a su hotel. Y quedamos en vernos al día siguiente allí para almorzar.
Llegué a mi hotel, me registré, me dirigí al bar a tomar un trago. Necesitaba uno. De pronto desde el balcón del bar se veía la puesta del sol, la playa, las palmeras típicas de la isla. Miraba hacia la infinidad del mar. Comencé a llorar. Las cosas deben ser diferentes de ahora en adelanto. No mejor, sólo diferente. No pensaba en Sandra, pensaba en Vanessa, en mí, en mi "Sole". Bueno, la soledad no debe ser tan mala, te ofrece otras oportunidades.

Al día siguiente busque a Sandra, me dirijo a uno de los restaurantes y al  llegar la persona de recepción me mira, pregunta: “¿viene solo?” Esta vez sonrío y orgullosos respondo, “no, mesa para dos por favor, vengo acompañado”. Almorzamos, charlamos de todo y de nada. La idea era compartir una buena charla con un desconocido. La pasamos bien. Al final de la tarde me despedí. Fui a mi hotel. Me quedaba claro que los siguientes días estaría son Sole. A eso había venido. Así me lo propuse, y así fue. Fue una gran fin de semana, conmigo, con Sole, pensando en mi futuro, disfrutando de largas caminatas a solas por horas a lo largo de la playa. Disfrutando el comienzo de una nueva etapa, con mi soledad, o mejor dicho acompañado con Sole...